Victor Orellana Bravo, Trabajador Social

“Vamos chilenos, no despertemos nunca de este sueño” (Banco de Chile, Teletón 2006)
“…Conviene asumir esta nueva sensibilidad humana (la solidaridad) e introducir en ella el discurso reflexivo a fin de orientarla adecuadamente e impedir así que degenere en una mera inflación verbal. A veces da la sensación de que la apelación a la solidaridad funciona como un tópico de la retórica cansina y repetitiva de la cultura dominante. Para que eso no suceda es conveniente tener el coraje de enfrentarse a la solidaridad con un discurso crítico, coherente y creativo…”. (Marciano Vidal)
En el mundo feliz de Aldous Huxley, la humanidad vivía bajo un sistema en que los seres humanos no nacían producto de relaciones sexuales entre las personas, sino que todos eran creados artificialmente en incubadoras por medio de control genético, perfectamente monitoreados por científicos expertos, dividiéndolos en 5 categorías posibles de seres humanos: alfas, betas, gamas, deltas y épsilones.
Aquellos niños eran sometidos desde temprana edad a rutinas en que debían escuchar la repetición constante y por extensas horas de una frase determinada, mediante las cuales se esperaba formar su campo de saberes, su desarrollo, sus gustos y verdades. Todos los bebés almacenados en diferentes salas, eran criados de un modo que funcionaba así:
“Al extremo de la sala un altavoz sobresalía de la pared. El director se acercó y pulsó un interruptor.
…todos visten de color verde –dijo una voz suave pero muy clara, empezando en mitad de una frase–, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh, no, yo no quiero jugar con niños Delta! Y los Epsilones todavía son peores. Son demasiado tontos para poder leer o escribir. Además, visten de negro, que es un color asqueroso. Me alegro mucho de ser un Beta.
Se produjo una pausa; después la voz continuó:
Los niños Alfa visten de color gris… trabajan mucho más duramente que nosotros, porque son terriblemente inteligentes. De verdad, me alegro muchísimo de ser Beta, porque no trabajo tanto. Y, además, nosotros somos mucho mejores que los Gammas y los Deltas. Los Gammas son tontos. Todos visten de color verde, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh, no, yo no quiero jugar con niños Delta! Y los Epsilones todavía son peores. Son demasiado tontos para…
El director volvió a cerrar el interruptor. La voz enmudeció. Sólo su desvaído fantasma siguió susurrando desde debajo de las ochenta almohadas.
– Todavía se los repetirán cuarenta o cincuenta veces antes de que despierten, y lo mismo en la sesión del jueves, y otra vez el sábado. Ciento veinte veces, tres veces por semana, durante treinta meses”.
Bernard Marx, protagonista de la novela aquí citada, advertía con vehemencia:
“Cien repeticiones tres noches por semana, durante cuatro años. ¡Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones crean una verdad!…”
Advertía sobre el silencioso proceso mediante el cual los sujetos al ser expuestos a la repetición incesante de ciertas frases terminan por asumirlas como verdades imposibles de cuestionar; ese proceso será conocido con el nombre de hipnopedia.
¿Qué es la hipnopedia? Se trata de un método de enseñanza a través del sueño que se basa en el supuesto de que durante determinadas fases del sueño el cerebro y el tipo de ondas en ese momento activadas son particularmente sensibles a la recepción de estímulos auditivos: se apela a la producción de conocimiento a través de la repetición de determinadas frases que quedarían almacenadas en el campo de saberes del cerebro de una persona cuando ésta permanece dormida.
¿En qué estado de somnolencia crónica vivimos los chilenos que reproducimos de manera tan obediente e irreflexiva el modo de hacer solidaridad que ha implantado la Teletón y Don Francisco en los últimos 30 años?
Como si de Un Chile feliz se tratara, los altavoces que operan en nuestro país en torno a la producción de una idea de solidaridad no son ni grandes ni pequeños: son eficaces y crónicamente repetitivos, portadores de discursos hegemónicos y es muy difícil, si es que no imposible, abstraerse de ellos.
La diferencia radica en que en ese mundo feliz, todos vivían conformes con lo que tenían que hacer, producto justamente de la hipnopedia que se encargaba de recordarles que ser de la casta que eran (alfa, beta….) fue lo mejor que les pudo haber pasado, aceptando su realidad y agradeciéndola de manera cotidiana: esos son los mensajes que la hipnopedia les hacía interiorizar mientras eran creados y criados en los grandes centros genéticos e incubadoras.
Por eso es un mundo feliz, pues, por ejemplo, los épsilones no tenían ningún problema en hacer trabajos domésticos, como limpiar vidrios de edificios: habían sido desde su gestación acostumbrados a estar en altura e invertidos, de manera tal que esa posición, que es justamente la que debían adoptar para poder hacer aquél trabajo, les resultara totalmente cómoda, incluso deseable. Y así con todas los roles que cada casta debía ejercer:
“Un hombre decantado como Alfa, condicionado como Alfa, se volvería loco si tuviera que hacer el trabajo de un semienano Epsilon; o se volvería loco o empezaría a destrozarlo todo. Los Alfas pueden ser socializados totalmente, pero sólo a condición de que se les confíe un trabajo propio de los Alfas. Sólo de un Epsilon puede esperarse que haga sacrificios Epsilon, por la sencilla razón de que para él no son sacrificios…
…se hallan en la línea de menor resistencia. Su condicionamiento ha tendido unos raíles por los cuales debe correr. No puede evitarlo; está condenado a ello de antemano. Aún después de su decantación permanece dentro de un frasco: un frasco invisible, de fijaciones infantiles y embrionarias”.
¿Cuáles son hoy nuestros frascos de fijaciones infantiles, embrionarias e invisibles a propósito de nuestras ideas de solidaridad? ¿No está nuestra solidaridad condicionada por raíles por los cuales debe correr? ¿No hay nada que cuestionar?
El mensaje teletónico llega eficazmente a toda la población, no una, ni dos, sino que miles de veces y en cientos de diferentes formas, colores y extensiones, todos los programas de te